Una mirada a la arquitectura de la Embajada Británica, ubicada en “La Isla” de Buenos Aires

Tal como se explica en esta nota de Fervor x Buenos Aires, una publicación a cargo de la inmobiliaria Izrastzoff IBR (ibr.com.ar), hay una zona en la ciudad que en términos inmobiliarios se conoce como “La Isla” o, mejor dicho, se conoció de tal modo. Se trata de un territorio vasto que incluye la que hoy es la Plaza Mitre, con un total de 8 hectáreas aproximadamente. Hace mucho perteneció a Samuel Hale, un empresario inglés, de quien es posible conocer más en esta nota que recomendamos repasar. Aquel terreno fue abierto hacia el año 1905 bajo la intendencia de Don Torcuato de Alvear, y definitivamente en el gobierno del intendente Alberto Casas, cuando se adquirieron los terrenos para su loteo y venta. Allí, en esta “isla porteña”, se alza una construcción emblemática: la Embajada Británica. Una construcción que es única en el paisaje de esta urbe.

En esta nota de Lemoine Hermanos, como es costumbre aquí, haremos foco en la arquitectura de este caserón que está rodeado por árboles añosos y carente de vecinos. Según se indica en el mencionado repaso, este caserón es sencillo y tiene todas las señas de los antiguos cascos de las estancias criollas, que se mantuvieron por fuera del carácter sofisticado de las grandes mansiones que se construyeron en Buenos Aires, y en esta misma zona, después del 80’. Quien lo asegura es Enrique Espina Rawson, que firma en Fervor x Buenos Aires. La explicación, como veremos más adelante, hay que buscarla principalmente en la inspiración que rigió las mentes de quienes construyeron esta edificación sobria.

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Uno de los terrenos loteados fue comprado por Carlos María Madero, quien construyó lo que hoy es la Embajada Británica y que, como se ha dicho, se erigió con notables diferencias respecto a las residencias aledañas. En la publicación de IBR, nombre destacado entre las inmobiliarias en Escobar (https://www.ibr.com.ar/inmobiliaria-escobar), todo el corredor norte de GBA y en Capital Federal, se indica que mientras las mansiones vecinas estaban colmadas de estatuas, mármoles y columnas, con techos altísimos, más pensadas para la vida social que la vida en familia, la residencia de Madero marcó un quiebre.

Hay una explicación clave desde el ámbito de la arquitectura: esta mansión, construida entre los años 1914 y 1917, fue encargada a arquitectos ingleses y no franceses, como ocurría usualmente entre los caserones cercanos. La Embajada Británica es una creación de los arquitectos Bertie Collcut y Walter Basseth-Smith. Sin dudas se trata de un palacio, de una mansión, aunque presentando señas de sobriedad propios de la arquitectura eduardina, sobre la cual sienta bases.

En la Embajada Británica no hay grandes revestimientos en mármol ni frescos en los techos; en cambio hay rincones que están abiertos al paisaje natural circundante. Un detalle interesante que apunta Espina Rawson: el jardín que hoy aparece al fondo de este caserón no era parte de los planos originales, sino que fue adquirido recién en el año 1947.

Sin dudas, la Embajada Británica es una construcción singularísima en las calles de Buenos Aires. Con vista al río, ubicada en lo alto de una barranca, sin vecinos. No se puede negar su particularidad.