Arquitectura industrial: nuevos desafíos tras la mejora en los procesos de fabricación de alimentos congelados

Es razonable suponer que la mejora en todos los procesos de fabricación plantea un nuevo desafío para la arquitectura, que debe volver a pensar sus métodos tradicionales para satisfacer demandas más novedosas y complejas que las que debíamos enfrentar en el pasado.

Como referencia para las siguientes reflexiones tomamos a la empresa Don Carmelo, que se dedica a la fabricación de alimentos congelados al por mayor.

Nuevos procesos, en cualquier rubro, implican cambios en el uso de la tecnología de fabricación. En el caso de los alimentos esto puede observarse claramente en el empleo de maquinaria cada vez más precisa y, al mismo tiempo, exigente en términos del uso del espacio disponible. La vieja noción de una empresa situada en algún recóndito galpón es inconcebible en la actualidad.

Por otro lado, la fabricación de alimentos congelados implica seguir una gran cantidad de normas, sin las cuales la empresa puede ser sancionada e incluso inhabilitada para seguir realizando sus funciones. En este sentido, la arquitectura debe colaborar para lograr esos objetivos edilicios de forma razonable y, acto seguido, brindarle al cliente un valor agregado.

 

La tendencia en alimentos congelados va creciendo, aún en sectores prácticamente desconocidos hasta ahora, como las facturas congeladas. Aquellos que quieran conocer un poco más sobre las características de la fabricación de este tipo de productos pueden ver más aquí:  http://www.doncarmelo.com.ar/medialunas-congeladas/.

Lo cierto es que la tecnología y la maquinaria utilizada en este tipo de empresas debe combinarse de forma equilibrada con procesos que siguen respetando lo artesanal. Esto implica que la arquitectura necesariamente debe realizar su aporte de un modo superador, facilitándole al cliente un uso más inteligente del espacio disponible.

El verdadero desafío que se nos plantea de cara al futuro tiene que ver con la implementación de una mirada mucho más global sobre el tema. Las normas vigentes dejan poco margen para la maniobra creativa, eso es cierto, pero incluso en este estrecho paréntesis debemos ser capaces de darle un salto de calidad a nuestros proyectos.

Una de las posibilidades es pensar en el espacio disponible de manera más funcional, y eso no solo tiene que ver con el uso del espacio únicamente en función de la maquinaria, sino más bien todo lo contrario, pensando constantemente en el personal encargado de operarla.

Desde ya que no es lo mismo una empresa que fabrica alimentos congelados para exportar que, por ejemplo, una fábrica metalúrgica; pero el principio que rige detrás sigue siendo el mismo: acelerar los procesos de fabricación y mejorar la calidad laboral del personal. ¿Es posible lograr estos objetivos sin volver inviable la inversión del cliente? Consideramos que sí; es posible, y debe ser una de las metas que se plantee la arquitectura en los próximos años.

Además, es altamente probable que recién estemos en los comienzos del auge por los alimentos congelados, con lo cual las empresas que se dedican al sector seguirán surgiendo aquí y allí como emergentes de esa tendencia. En este contexto, la arquitectura necesita sí o sí estar a la altura del desafío.